Cine de barrio: el remake centennial

Una reflexión sobre la evolución y la relación del cine con cada etapa histórica y la actual, todo ello a raíz del estreno en Sitges del documental-retrospectiva-homenaje a la producción española

Los directores Paco Limón y Julio César Sánchez presentan “Sesión Salvaje”, que pretende reivindicar el trabajo de todos aquellos cineastas que se encargaron de reflejar la evolución del país. Spaghetti western, destape, cine quinqui… Todo ese cine que los directores aseguran que está “olvidado y arrinconado”. Al que, además, aseguran que le debemos mucho, ya que estas películas y corrientes de géneros ayudan a entender un poco mejor la sociedad de cada época.

De aquellos años sesenta en los que Almería era el lugar perfecto para luchas de sheriffs y vaqueros, los convulsos setenta que llegaron de la mano de grandes cambios sociales, y aterrizando en los movidos ochenta que llevaron a los quinquis por bandera.

Pero ¿y qué hay de los dos mil? ¿Siguen los estadounidenses pensando que España es México? ¿Existe un paralelismo entre la generación marginal, precarizada y empujada al abismo de la delincuencia y las drogas y la actual? ¿Cómo sería un remake o una nueva parte de estas películas en el 2019?

 

Por un puñado de euros

 

El primer spaghetti western con éxito comercial se rodó en Almería, “Per un pugno di dollari”, una co-producción entre tres países: Alemania, Italia y España. Las intenciones del director Sergio Leone eran traer a Henry Fonda, pero el limitado presupuesto propició que el actor ni se planteara la opción de hacerlo. Sin embargo, a Clint Eastwood le pareció una idea interesante: era una oportunidad para viajar a un “país exótico”. Como explica en el documental el también actor, Simón Andreu, era común que los venidos de Estados Unidos preguntaran “si había teléfonos en el país”. La concepción internacional que los cineastas tenían sobre España era “mano de obra barata, buenos técnicos que aprenden rápido la manera americana de trabajar, y el perfecto escenario para emular cualquier lugar de México”.

 

¿Ha cambiado mucho la escena?  Año 2000: Misión Imposible II —por suerte o por desgracia a veces me sigo recordando que esa película existe—. Tom Cruise y sus aventuras por el mundo paran en España, dónde una especie de falleras que tiran arroz, caballeros que portan antorchas y gente con pañuelos rojos, queman cuál si fuera la festividad valenciana, nada más ni nada menos que las procesiones de Semana Santa —una festividad curiosa cuánto menos—. Una década después el mismo actor vuelve al ataque —prometo que no es nada personal contra él—, esta vez, en “Noche y día”. El gran héroe de acción se encuentra en una persecución, volando con su moto por las calles de Sevilla, cuándo se encuentra nada más ni nada menos que un encierro de San Fermín. Y así un largo etcétera, el último más sonado: “Mentes Criminales”, —y esto que viene a continuación es del 2017, hace tan solo un par de años— el equipo del FBI va deteniendo malvados asesinos por el mundo. Esta vez toca en España. Bueno esto último es cuestionable ya que se supone que están —de nuevo— en San Fermín, pero las calles se asemejan más bien poco a Pamplona: parecen más bien una especie del concepto de un México decadente han explotado históricamente —ya que parece ser que aún no saben que en México hay carreteras, calles y asfalto—. Hace unas semanas George Clooney y Brie Larson fueron avistados en Navalcarnero a lomos de un burro y un caballo que portan sacos de café Nespresso. Cabe recordar que esta marca hace gala de que su grano viene directamente de Colombia: 2019 aún está por sorprendernos.

"Joe sería la enésima mutación de algún súper héroe, y del cuál Leone no podría filmar la película por una disputa en los tribunales entre Marvel y DC, que se pelearían la autoría de este.

Si Sergio Leone reviviera en el cuerpo de un director estadounidense de una gran productora, ahora, en este preciso instante, quizás las cosas serían distintas. Es más que plausible que aquellos doscientos mil dólares invertidos en producir el mítico western, fueran una broma. La recaudación de tres millones y medio de dólares que —inesperadamente— obtuvo la película, serían un presupuesto más ajustado a lo que le ofrecerían para rodar y distribuir el filme —me he equivocado, quería decir ese dinero multiplicado por… que cada uno inserte la cifra que crea adecuada—. Joe más que ser un cazarrecompensas que trabaja para dos bandos rivales sin que el otro se entere, sería algo así como un becario que tiene que utilizar sus horas libres trabajando en Burger King y McDonald’s para conseguir un puñado de euros —me he vuelto a equivocar, creo que esto es una definición de lo que sería Joe si fuera un joven viviendo en España—. Quería decir que, Joe sería la enésima mutación de algún súper héroe, y del cuál Leone no podría filmar la película por una disputa en los tribunales entre Marvel y DC, que se pelearían la autoría de este. Y por no hablar de la BSO, que más que de la mano de Ennio Morricone, sería encargada a alguna super estrella del pop. O de lo que sea, que más da, al que tenga más seguidores, que así los fans van a ver la peli con tal de escuchar a su ídolo. Y si queremos hacer que la cosa sea un poco “exótica”, podemos grabar en distintos países de Sudamérica, ya sea Colombia, México o España. El que salga más económico, total, todo es lo mismo.

 

Los ludópatas

 

Entre coches volando —ejem… más bien volados— y señores fallecidos plácidamente en la cama, llegaba la Transición. Españoles, la censura ha muerto. ¿Qué pensaría un varón cisheterosexual —es decir, aquellos que no tienen un techo de cristal si quieren ser directores— promedio al respecto? La respuesta es fácil: ¡tetas, tetas, tetas!

 

Así surge el destape, también llamado “cine s” por la calificación que recibían al contener…. No se sabe muy bien el origen de la “s”. La leyenda urbana cuenta que se refiere a sensible —de contenido sensible— o directamente a sexo. Al caso: cualquier momento era bueno para que apareciera —sin una necesaria exigencia de la narración— algunos pechos o algo por el estilo. Después de cuarenta años de represión donde Paquito estableció en su código de censura cinematográfica todo tipo de cosas —entre ellas, nada que pudiera “herir la sensibilidad de las intimidades de un matrimonio” — el Destape llega de la mano de la liberación del ciudadano español. Cualquier excusa es buena —y si no, se inventa— para que aparezcan desnudos, sexo y cualquier otra cosa que hubiera estado prohibida con anterioridad.

 

Grandes títulos como “Bragas calientes”, “Agítese antes de usar” o “El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter” son una explicación en sí misma de las principales temáticas de esta etapa histórica. Bajo la exaltación de tetas y culos, el referente del género, Mariano Ozores, aprovecha también otras ventajas de la caída de la censura: el contenido político —muchas veces sin pretender serlo—. Muestra de ello son los recurrentes chascarrillos sobre ministros de la época y que tanto éxito tenían, o el simple hecho de hacer una película como “Los Bingueros” (1979). Dos hombres con el sueño estándar de tener una vida económica totalmente plena —y más que eso— se ven estancados en su situación real: uno es un mediocre banquero y el otro vive del paro y de chapuzas que va haciendo para ganar un sobresueldo. Estos dos personajes son representados ni más ni menos que por Andrés Pajares y Fernando Esteso, que a partir de ese momento formarían la pareja cómica por excelencia en España.

"Así es como prácticamente sin querer, Mariano Ozores crea un relato en el que la ludopatía acaba siendo la protagonista.

Una de las cualidades más destacadas del director madrileño era captar con total rapidez cualquier movimiento en la sociedad: si el juego de azar se legalizaba en 1977, dos años después llegaba la película en la que esos dos hombres con grandes aspiraciones vieron en el bingo la solución perfecta para llegar a dónde querían. Así es como prácticamente sin querer, Mariano Ozores crea un relato en el que la ludopatía acaba siendo la protagonista. ¿Al final no estamos ante reivindicación en estado puro?

 

Cuarenta años después del estreno de aquel filme, vemos como nuestros barrios se llenan de la plaga de las casas de juego de azar. Como los más jóvenes —incluso menores—, acceden con total facilidad a través de sus smartphones a hacer apuestas de todo tipo. Vemos diariamente la historia de esos dos hombres que creó Ozores, ya sea en nuestros vecinos, en nuestros amigos o en nuestra familia. En aquellas casas más humildes que, sin verlo venir, acaban en la espiral de la ludopatía.

 

El pico 3

 

El Torete, el Jaro, el Pirri, el Vaquilla. Aquellos representantes de esa “generación de la heroína”. Años 80, una España convulsamente precarizada vive entre jeringuillas y tirones —en la periferia, claro. ¿Cómo los chavales de familias bien van a hacer algo así?—. Entre palos y rejas esos bajofondos de la sociedad sobreviven en la jungla de asfalto y cemento. Sensación de inseguridad, drogas en la calle, puentes a los coches. Y una cámara que graba todo eso: estamos ante el nacimiento del cine quinqui.

 

Un género único y concreto español, que utiliza unos códigos que, sería arriesgado afirmar —aún así es un riesgo bastante certero—, que solo pueden llegar a entender las personas del mismo país. Y más aún, aquellos que vivieron esa época. Quizás este es uno de los mayores factores que condicionaron que estas películas jamás fueran exportadas al exterior. También puede ser que, en el contexto crónico, el público tuviera una concepción —clasista— del cine quinqui como algo inferior: las tramas se centraban en suburbios, en delincuentes que robaban coches y carteras —en gran parte de los casos para tener algo con lo que pagar la droga— y que, a su vez, al caer la noche, se convertían en chaperos. Precariedad en todo su esplendor, cineastas dispuestos a dejar constancia de todo eso y dos directores que se convertirían en referentes del género: José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia.

 

Gran parte de los participantes del documental “Sesión Salvaje”, coinciden en definir a de la Loma como “un señor muy de derechas que aún rodando sobre el mundo quinqui siempre lo mira desde arriba —incluso puede que con tono de superioridad y condescendencia—“ y a de la Iglesia como “la mirada totalmente natural ya que, en su caso, se introdujo en el ecosistema —a tal nivel que llevó a vivir con él a José Luis Manzano, un chaval al que convirtió en su musa— y que tenía el toque realista de aquello que narraba”. En el Q&A ofrecido por los directores del documental una vez acabada la proyección, remarcan, entre otras cosas, la revalorización y reconocimiento —tardío— a estos cineastas a los que confiesan que “jamás se cansarían de homenajear”. ¿Por qué han tenido que pasar tantos años para poner al alza el valor artístico e histórico del cine quinqui? Planteemos que pudiera ser por lo siguiente: año 2019. País en crisis, jóvenes sin rumbo a los que las instituciones no les garantizan un futuro certero. Falta de empleo —no de precario, por supuesto. De ese hay a raudales—, precio de las viviendas por las nubes —bueno y de las habitaciones compartidas con cinco personas más también—. Una especie de mala vibra recorre esa generación de jóvenes que, por primera vez en mucho tiempo, se ha pronosticado que tendrán un peor nivel de vida que sus progenitores.

"Estamos ante otro nuevo nacimiento: el universo “neoquinqui” —aquí una de las claves del triunfo del trap—.

Estamos ante otro nuevo nacimiento: el universo “neoquinqui” —aquí una de las claves del triunfo del trap—. El director Carlos Salado —igual que en su día Eloy de la Iglesia hizo con su actor insignia José Luis Manzano— ficha a Ramon Guerrero (a.k.a “el Cristo”), un albañil de uno de los barrios más precarizados de la periferia alicantina, y lo convierte en lo que para Almodóvar sería Antonio Banderas. “Criando ratas”(2016) es la ópera prima de Salado, que tuvo que para el rodaje del filme ante la entrada de Cristo a prisión, y relata una historia cruda y realista —que estilísticamente se podría considerar que roza el Dogma 95— centrada en el microcosmos de esa periferia, pero no en la España de los años ochenta, si no en la España del día de hoy.  Clara influencia de Eloy de la Iglesia: personajes sin nociones de interpretación, intrusión en su entorno, guiones sin preparar. Aquí viene algo muy millennial que denota el cambio generacional: “Criando Ratas” se encuentra íntegramente en YouTube.

 

Salado ideó un spin-off de la película y mantuvo el personaje de el Cristo, sólo que esta vez con un nuevo co-protagonista: Fernando Gálvez a.k.a Yung Beef. Así el cortometraje resultante —“Mala Ruina”—, incluía la BSO compuesta y producida por el trapero granadino —este patrón puede recordar a aquél día en el que de la Iglesia apostó por Antonio Flores para la BSO y co-protagonización del filme “Colegas”—.

 

No sería de extrañar entonces que, en un contexto socioeconómico decadente y la precariedad de los jóvenes, estos próximos años aparezcan nuevas hornadas de más cinematografía “neoquinqui”: directores como Carlos Salado son herederos naturales de las influencias que referentes anteriores les han dejado. Por eso tampoco sería de extrañar que, alguno de ellos, lanzara repentinamente algún filme que se pudiera considerar una versión millennial de aquello que podría haber sido “Pico 3”.

HEBES  MEDIA 2020

Universitat Autònoma de Barcelona

Campus de la UAB, Plaça Cívica, 08193 Bellaterra, Barcelona

Facultat de Ciències de la Comunicació

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