• Maria Giménez Baeza

“Si teníamos que cerrar, nos íbamos todas al paro”

Actualizado: abr 22

Sandra Moreno, profesora de guardería, reconoce no saber qué pasará con su trabajo cuando el estado de alarma acabe


Edgar Hans, estudiant de tercer de Periodisme


Sandra Moreno, una joven de 20 años residente en Badalona, es una de las muchas personas que se ha visto afectada por la covid-19, una enfermedad que está causando estragos económicos y sociales en todo el país.


Sandra, que tiene el título de Técnica de Grado Superior de Educación Infantil, trabajaba hasta hace menos de un mes como educadora infantil auxiliar en la guardería Bambi de Badalona, situada en la calle Richard Strauss. Empezó a trabajar en la guardería desde hace dos cursos lectivos y se dedicaba a enseñar a niños de entre uno y dos años de la clase P1-B, aunque al ser auxiliar iba rotando entre clases con tal de ayudar al resto de profesoras.


Siguiendo el decreto formalizado por la Generalitat respecto al cierre de escuelas y universidades, el centro donde Sandra trabajaba de lunes a viernes también optó por cerrar indefinidamente el 13 de marzo. “No me pilló por sorpresa, la verdad.“, comenta la joven. “Además, se trata de una empresa pequeña, solo somos cinco trabajadoras. Si teníamos que cerrar, nos íbamos todas al paro.” Y así fue.


Sandra Moreno, en su casa, el año pasado. (Sandra Moreno)

Señala además que sus jefes no pudieron llevar a cabo un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) debido a que la entidad no cumplía con los requisitos mínimos para tramitarlo. “No les quedó otra opción que dejarnos en paro”, sentencia la joven.


Ante la pregunta de si era optimista sobre volver a su trabajo una vez esta crisis se haya superado, contestó que los responsables de la guardería pretendían contar con ella de nuevo, pero que la situación era incierta. “No sé en qué situación se va a volver. Yo, al trabajar como auxiliar, soy más fácil de sustituir. No es lo mismo que ser tutora de un curso o directora”.


Hay riesgos, además, de que la guardería no pueda afrontar los desafíos que está suponiendo el coronavirus y la empresa sea incapaz de reabrir sus puertas de cara al próximo curso lectivo. La entrevistada comenta al respecto que “el año pasado ya tuvimos algunos momentos críticos. Y este año hemos podido abrir porque se han apuntado muchos niños. Teniendo en cuenta de que no se trata de una enseñanza obligatoria, siempre existe esa incertidumbre de qué pasará en el futuro.” Y añade “nuestra guardería no está subvencionada por el Gobierno. Si cerramos, no habrá nadie que acuda a rescatarnos.”


Si bien Sandra está viviendo con su pareja, quien también se ha visto afectada laboralmente por el virus y está cobrando asimismo el paro, su situación, admite la entrevistada, no es tan acuciante como en otros casos que se han dado a conocer estos días. Ella anteriormente trabajó también en una tienda de ropa al mismo tiempo que en la guardería y eso le ha permitido cotizar el paro con unos ingresos que le posibilitan “ir tirando durante unos meses”.


Respecto al futuro, a Sandra le gustaría acabar el curso en la guardería y seguir en la entidad, pero al mismo tiempo cree que tras el coronavirus habrá buenas ofertas de trabajo y que sería conveniente encontrar otro trabajo si se da la oportunidad.


Este es uno de los miles de relatos que hay ahí fuera. Relatos que visibilizan el duro golpe que ha supuesto esta crisis sanitaria para las personas de a pie y que vaticinan que, a pesar de las ayudas otorgadas por el Gobierno, siempre habrá sectores de la sociedad que quedarán “huérfanas” de estas, con las consiguientes implicaciones para la ciudadanía.

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