• Paula Lopez Garcia

“Esperamos que al volver no haya despidos”

Actualizado: abr 19

Júlia Sánchez, trabajadora de la fábrica Louis Vuitton y damnificada por el ERTE, reconoce el estrés que le genera no saber cuándo percibirá su salario

Tienda Louis Vuitton, Zúrich (Suiza), 24 de octubre de 2010. (Brian Gratwicke)

ANA MONFÀ ARREDONDO, estudiante de tercero de Periodismo


El lunes 16 de marzo de 2020 la fábrica de Louis Vuitton en Barberá del Vallés (Barcelona) cerró sus puertas ante la amenaza del covid-19. El estado de alarma declarado por el Gobierno obligó a paralizar las actividades que no fuesen consideradas vitales para los ciudadanos. Y una fábrica que produce ropa y accesorios de lujo, definitivamente, no es esencial. A sus empleados se les aplicó un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), en principio, hasta el 31 de mayo del mismo año. Entre estos trabajadores se encuentra Júlia Sánchez, quien lleva dos años en Louis Vuitton, empresa propiedad del grupo LVMH.


El lujo afectado por el coronavirus

LVMH es un holding francés que agrupa 75 empresas que ofrecen, exclusivamente, productos de “alta calidad”. Entre sus marcas más conocidas se encuentran, además de Louis Vuitton; Loewe, Givenchy, Christian Dior o Kenzo en el ámbito de la moda y la perfumería. El grupo también participa en otros sectores como en el de la joyería, con su marca Bvlgari o, en el del vino y el champán, mediante su empresa Moët & Chandon.


Por su parte, LVMH ya ha pronosticado una disminución de sus ingresos a causa de la paralización de sus fábricas y el cierre de la mayoría de sus tiendas. El holding calcula que la caída de estos ingresos se situará entre el 10% y 20% en comparación con la recaudación obtenida en los primeros meses de 2019.


Júlia Sánchez, optimista a pesar de todo

Júlia Sánchez, en casa de sus suegros, el 17 de marzo. (Júlia Sánchez)

A sus 28 años, Júlia, trabajadora de la fábrica Louis Vuitton, vive con su novio Daniel en un piso de sesenta metros en la ciudad de Terrassa. Un cuarto piso sin ascensor en el que, actualmente, están haciendo obra. Por ello, han tenido que trasladarse a casa de sus suegros para pasar la cuarentena.


“Estamos bastante bien informados la verdad, en principio la cosa no cambiará. Esperamos que al volver no haya despidos”, asegura respecto a la situación en la empresa. A Júlia, con un grado medio de belleza y estética, el trabajo en la fábrica le ha supuesto una estabilidad económica que no tenía años atrás. Y más ahora que ha decidido, junto a su pareja, reformar su vivienda situada en un edificio de más de ochenta años.


Por el momento, el computo de las horas y el salario son lo que más le preocupa; “El mes de marzo nos lo han pagado íntegro, eso sí a espera de ver como se devuelve eso… si con una bolsa de horas o cómo”. Y es que, por ahora, aunque la empresa ya les ha confirmado que les pagará el 30% del sueldo de los meses de abril y mayo, no saben cuándo recibirán el 70% restante del que se hace cargo el Estado.


Enfocados en ayudar

Júlia, consciente de la excepcionalidad de la situación, reconoce que la empresa “lo ha hecho bastante bien” y agradece que la fábrica haya sido desinfectada. De hecho, lo fue después de conocer que tenían un posible caso de coronavirus entre sus empleados.


Por su parte el grupo LVMH ha comenzado a elaborar geles desinfectantes en sus centros de producción de Francia y las fábricas en España comenzarán a producir mascarillas que, posteriormente, donarán para luchar contra la pandemia.

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