• Paula Lopez Garcia

La residencia Orpea de Sant Cugat del Vallés crea el turno covid-19

Para evitar la exposición de los empleados surgen los turnos de 12 horas diarias


Nancy Gallart, una de las trabajadoras de limpieza de Orpea, preparando una de las habitaciones para los aislados. (Fátima)

PAULA TUDÓ, estudiante de tercero de Periodismo


A raíz de la pandemia actual la dirección de Orpea de Sant Cugat del Vallés ha inaugurado un nuevo turno para cubrir sus necesidades. Casi la mitad de la plantilla se ha visto afectada duramente por el virus ocasionando muchas bajas prolongadas en el tiempo. Por lo tanto, ha sido imprescindible la incorporación de personal nuevo como suplentes de estas bajas, con el trastorno que esto supone tanto para los residentes como para las propias empleadas porque están en primera línea y no tienen la experiencia suficiente ni la formación necesaria para llevar a cabo el trabajo en estas circunstancias.


Los fallecimientos masivos de residentes han provocado que haya mucho menos volumen de trabajo: menos ropa para lavar, menos habitaciones que limpiar, menos residentes para duchar y menos menús diarios. Pero, sigue manteniéndose la necesidad de tener a personal las 24 horas del día. A raíz de aquí, para que las trabajadoras estén menos expuestas, salgan menos de casa y eviten las problemáticas en el transporte, se ha organizado el llamado turno covid-19 que consiste en trabajar en turnos de 12 horas diarias, semana corta y semana larga: una semana trabajas tres días y a la siguiente cuatro. Así protegen más a las empleadas, tienen más días para descansar y paliar el estrés. Por otro lado, estos turnos conllevan un plus de 150 euros brutos para las trabajadoras de día y 300 euros brutos para las de noche.


Foto de la entrada principal de la residencia. (Nancy)

La situación de las trabajadoras se ha vuelto precaria, a pesar de tener los EPI (equipo de protección individual) suficientes para garantizar su seguridad, siempre está la angustia de poder contraer la enfermedad al tener contacto directo con algunos infectados. A nivel psicológico es muy duro porque los residentes, en muchos casos, no entienden la gravedad de la situación, solicitan salir constantemente y se vuelve muy complicado que acaten las normas de seguridad al estar tan nerviosos. Una trabajadora de la sección de lavandería, Tere Genaro, está de baja por la situación psicológica que le ha ocasionado esta pandemia “Vivo con mi madre que tiene alzhéimer y tengo miedo de contraer el virus y llevarlo a casa, porque si ella lo cogiera no sobreviviría a la enfermedad” Como Tere están muchas trabajadoras de la residencia que día a día luchan por ayudar a los residentes.


Las nuevas incorporaciones, que en su mayoría son chicas muy jóvenes y extranjeras, son las más vulnerables, por eso acceden a estos trabajos en la situación en la que estamos. Este desajuste de personal de bajas y nuevas incorporaciones provoca que haya demasiadas caras nuevas en la residencia y los abuelos desconfíen al no sentirse seguros con su persona de referencia.

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