• Jaume Lozano

El cardenal de Wall Street

En una sociedad donde la Bolsa actúa como catedral del sistema capitalista, la creciente problemática producida por el coronavirus se cierne sobre la economía, con todo el peso de las consecuencias

Edgar Hans, Xavier López, Antonio Salvador, Paula Tudó, estudiantes de tercero de Periodismo


Bolsa de Bruselas. En sociedades centradas en el desarrollo económico, las bolsas se alzan como el edificio de referencia de las grandes capitales mundiales, como a antaño lo hacían las iglesias. (VIAJEROS BLOG)


La situación en México es desesperante. Los grandes establecimientos, tiendas de barrio y puestos en la calle cuelgan sus carteles anunciando su desabastecimiento. La población expresa sus quejas diariamente, incendiando las redes sociales con mensajes y críticas a la gestión del Gobierno frente a la complicada situación dada la pandemia global. El contenido de los mensajes expresa, en su gran mayoría, dudas sobre cómo el mayor productor del mundo puede desabastecer tan fácilmente a la ciudadanía des del inicio del confinamiento (que empezó a principios de abril); el hashtag más utilizado para aunar las protestas es el #SeAcabaronLasChelas, la forma mexicana para designar, sorprendentemente, a la cerveza.


En efecto, aunque parezca surrealista, el desabastecimiento de cerveza es uno de los mayores baches al que la administración del país centro-americano se está enfrentando. Con la llegada de la Covid-19 y, de su mano, toda la experiencia de la situación europea, el país no dudó en confinar a su ciudadanía y elaborar completos planes para adecuar la producción de alimentos y la procuración de servicios. Desafortunadamente, no se contempló a la cerveza como un bien necesario, hecho que ha desencadenado en una fuerte crispación de la población de México.


A nivel global, la pandemia del coronavirus ha afectado a la gran mayoría de sectores, entre los cuales la industria de la cerveza no ha sido una excepción. En el caso del Reino Unido, se ha ido producido un descenso en cuanto a la venta de cerveza desde este pasado marzo. Según el Britsh Beer & Pub Association (BBPA), las ventas de cerveza han disminuido un 40% respecto al año 2019. Algo más al norte, la situación no dista demasiado. Según Drinks Irlanda, la organización encargada de representar a las empresas de bebidas alcohólicas del país celta, las ventas de cerveza habrían caído en un 30% a nivel estatal, llegando en abril a hasta a 4,9 millones de euros en pérdidas en relación al año anterior. Otro lugar que ha visto gravemente afectada su industria cervecera ha sido Australia. Según Alcohol Beissons, la demanda de cerveza que se produjo en abril se vio reducida en un 61% en comparación al 2019.


A diferencia de la situación mexicana, esta serie de pérdidas vienen dadas, parcialmente, por la disminución en la demanda de cerveza por parte de los ciudadanos. El hecho de haber tenido que llevar a cabo un confinamiento casi total ha afectado al comportamiento de las personas en cuanto al consumo de cerveza. Por una parte, la cuarentena ha supuesto que muchas personas hayan apostado por un estilo de vida diferente, en el cual el consumo de bebidas alcohólicas como la cerveza se elimina o se reduce de la rutina. Otro sector de la sociedad, al contrario, ha aumentado su compra. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), de hecho muestra en su último informe que: "según la asociación española de supermercados, las compras de cerveza durante la cuarentena se ha incrementado hasta un 78%", y aun así este hecho no ha conseguido paliar la siguiente causa. Y es que, por otra parte, el obligado cierre de las empresas hosteleras tales como hoteles, pubs o cafeterías (para algunas con suerte, temporal; para otras sin tanta fortuna, definitivo), ha limitado el acceso a la cerveza por parte de los consumidores.


Teniendo en cuenta estos factores, tanto la demanda como la oferta de cerveza ha sido lo que ha detonado una crisis en el sector, que no se ha limitado tan solo en las pérdidas en ventas. La crisis industria de la cerveza lleva consigo la pérdida de puestos de trabajo e ingresos en este sector, donde Australia ha sido gravemente afectada, con la pérdida 441.400 puestos de trabajo. Entre los cuales, además de encontrarse los trabajadores de productoras de cerveza, también se ha visto afectada la hostelería, sobre todo en aquellos locales que dependían en gran medida de la venta de cerveza. Así mismo, Irlanda, que dispone de una gran cantidad de centros tanto de destilería como de cervecería, ha visto como el turismo que atrae, que se encuentra alrededor de unos tres millones de personas, ha desaparecido. En resumen, la falta de demanda ha socavado al sector. En el caso de México, el panorama cambia. El hecho que ha comportado problemas es la falta de oferta. La desaparición del producto de los establecimientos ha supuesto, si cabe, aún más problemas que en los países occidentales, y además, ha contribuido a avivar el clima de crispación social por la pandemia.


Observamos el efecto de la pandemia en un mercado que, como ciudadanos, consideramos mucho más accesible. Es innegable que, si nos paramos unos segundos, podemos incluso llegar a entender el planteamiento que sostenía la administración mexicana. Pero si la situación llega a tales extremos con productos que, a priori, parecerían no-esenciales, cuál será la situación de otros productos más importantes? El petróleo, por ejemplo, es uno de estos productos. Su vital importancia para el funcionamiento de nuestra sociedad es prácticamente inabarcable: combustible, tanto para transporte como para el funcionamiento de la industria; generación de energía; destilados de hidrocarburos… Y no hablemos de su importancia para la fabricación de plásticos. El panorama, a priori, se muestra aterrador.

LA COVID-19 Y LA CRISIS DEL PETRÓLEO


Las bolsas de valores están dejando claro su talón de Aquiles estos días: no son capaces de afrontar imprevistos. La Covid-19 ha arrasado con todas las previsiones de los grandes economistas y promete generar una crisis económica de las que dejan huella (si es que alguna no lo hace). Buena prueba de ello es lo que está sucediendo con el valor del barril de petróleo.


La Agencia Internacional de la Energía estimó que la demanda mundial de petróleo en abril estuvo en un nivel visto por última vez en 1995. A causa del coronavirus, los mercados anunciaron una bajada significativa del precio de los hidrocarburos al fallar las apuestas financieras sobre los futuros del petróleo, un gigantesco mercado especulativo. Tal y como explica Francisco Navarro, doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona, un contrato de futuro es un acuerdo que obliga a las partes contratantes a realizar una compra-venta de una mercancía (como el petróleo) en una fecha futura determinada y a un precio acordado previamente.


El precio futuro del petróleo de EE.UU., el West Texas Intermediate (WTI), cayó a valores negativos por primera vez en su historia el 20 de abril de 2020, alcanzando una caída del 305%. Esto es especialmente significativo porque, como explican Luis González Reyes, Ivan Murray Mas y Luis Flores en El Salto, el WTI es un índice de crudo producido en Texas y el sur de Oklahoma que sirve como referencia para fijar el precio de otras corrientes de crudo. Para resaltar o insólito de la situación, es necesario recalcar que los inversores llegaron a cobrar 37,63 dólares por comprar un barril en EE UU para su entrega en mayo, en lugar de pagar por él.


Hay varios factores que explican esta caída tan drástica de los precios, entre los que destacan la fuerte reducción de la demanda de petróleo (un 33% en abril) como consecuencia del confinamiento, la sobreoferta de crudo tras las tensiones geopolíticas entre Rusia y Arabia Saudí o EE.UU. y China o la especulación financiera que se deriva de los futuros.


El periodista de BBC Mundo Lioman Lima apunta en su noticia otro problema añadido: el almacenamiento de todo ese petróleo que no se está consumiendo. Ahora mismo sobran 30 millones de barriles al día según David Lennox, analista de recursos de Fat Prophets en Sídney, y los lugares donde se almacena —refinerías, depósitos, buques— están a punto de llenarse. Esto ha hecho aumentar el coste de alquiler de los petroleros que ha pasado de los 15.000 dólares diarios en febrero a los 200.000 y 300.000 dólares en marzo.


Los precios del petróleo se desmoronaron a gran velocidad, justo cuando a finales de febrero se registró el récord histórico de extracción en EE UU: 13,1 millones de barriles al día. No obstante, según un estudio de IEEFA, desde 2015, más de 200 productores de petróleo y gas estadounidenses se han declarado en bancarrota, con deuda que alcanza 129.000 millones de dólares. En el tercer trimestre de 2019, el 91% de los impagos de deuda corporativa estadounidense se debía a las empresas de petróleo y gas.


Entidades financieras estadounidenses como JP Morgan Chase, Bank of America, Citgroup y Wells Fargo han financiado cada una con más de 10.000 millones de dólares a las petroleras a pesar de que su quiebra podría derivar en enormes pérdidas o incluso una nueva crisis.





Caída de las bolsas de valores de España, Reino Unido y Nueva York a raíz de la Covid-19. (GOOGLE FINANCE)


EL PETRÓLEO Y LA ESPECULACIÓN FINANCIERA


El impago de la deuda de las empresas de petróleo y gas en EE UU es un ejemplo flagrante de un sistema económico altamente financiarizado y un modelo empresarial basado en el endeudamiento a bajos tipos de interés.


Recuperamos el concepto del contrato de futuro (acuerdo que obliga a las partes contratantes a realizar una compra-venta de una mercancía en una fecha futura determinada y a un precio acordado previamente) para adquirir conciencia de que, en un escenario de precios alcistas, los derivados de futuros atraen una demanda especulativa que a su vez alimenta la espiral inflacionaria. Por lo tanto, como incide Francisco Navarro, la apuesta que se hiciera hace 6 meses sobre el valor del petróleo en la actualidad tiene importancia en la determinación final del precio.


Estos productos financieros se negocian mayoritariamente en las dos principales bolsas del mundo para los mercados financieros energéticos: la New York Mercantile Exchange (NYMEX) y la londinense Intercontinental Exchange (ICE). Se trata de mercados regulados donde existe una mínima información de los movimientos que allí se realizan. No obstante, hay una gran cantidad de futuros y derivados que se negocian en los mercados over the counter derivative (OTC), mercados con mayor desregulación y mucho más opacos ante la competencia y las autoridades.


La legitimación de los mercados de futuros es la posibilidad que ofrecen a los agentes comerciales de cubrirse las espaldas ante posibles aumentos a corto y medio plazo del precio del petróleo. Esto daría un mayor grado de seguridad para la planificación económica y empresarial ante la incierta dinámica de un mercado expuesto a una alta volatilidad.


Esa es la teoría, porque la realidad es que la mayoría de los movimientos de capital financiero que se realizan en los mercados del petróleo, regulados y no regulados, tienen el fin de obtener una ganancia financiera basada en la variación de los precios, es decir, en la especulación. En definitiva, este elemento de seguridad es totalmente marginal en el total de decisiones que se toman en el mercado de futuros del crudo.


De la financiarización del petróleo se deriva el efecto de los movimientos de grandes volúmenes de capital financiero de carácter especulativo hacia los mercados de materias primas surgido de la crisis de las puntocom, alimentado por un escenario de bajas tasas de interés y depreciación del dólar. La imponente presencia de este volumen de capital financiero (Goldman Sachs, Morgan Standley, JP Morgan, BP Capital, etc.) cambió la estructura de poder y la lógica de funcionamiento de los mercados del petróleo.


El aumento del número de agentes que participan en el mercado de futuros del petróleo ha derivado también en el alza de los precios. Según la CFTC, los agentes no comerciales (con intención especuladora) que negocian en la NYMEX aumentaron un 156% en el período del 2002 al 2006, hasta representar el 71% de todos los agentes. Otro elemento relacionado con la financiarización de los mercados del petróleo es la existencia de una demanda de stocks sobrealimentada por las expectativas del mercado de futuros. Así, incluso si los valores son negativos, resulta indiferente porque las expectativas alcistas del mercado de futuros fuerza la demanda de importaciones de crudo, generando así mayor presión sobre los precios.


Las cotizaciones del mercado de futuros condicionan la evolución del precio del barril físico, creando una espiral alcista entre ambas dinámicas de aumento de precios. Así lo demuestra el trabajo de E. Palazuelos (2008), donde varios modelos manifiestan una correlación positiva entre la cotización en el mercado de futuros y su incidencia en los precios del petróleo West Texas Intermediate (WTI) negociado en la NYMEX.


En un trabajo más reciente, Beidas-Strom y Pescatori (2014) afirman que la especulación financiera es el principal contribuyente en la determinación de los precios del crudo, seguido por la demanda real y de muy lejos por la oferta.


En resumen, es necesario recalcar que los elementos financieros que guían los precios del crudo tienen consecuencias directas sobre las condiciones de vida y las posibilidades de desarrollo de la población. Según Francisco Navarro, esto pone de manifiesto que la lógica inherente al sistema financiero es incompatible con la democracia y soberanía de los distintos territorios del planeta.

ENTONCES, ¿PARA QUÉ SIRVE LA BOLSA?


Dentro del universo de las finanzas en la City de Londres o en Wall Street, Nueva York, existe un código de silencio, en cual poco se sabe realmente de la bolsa y cómo un crack puede afectar a nuestra vida diaria. El trabajo en la City es una carrera de resistencia y desgaste. Seguir los mercados asumiendo riesgos de capital es agotador, y puede hacerte perder mucho dinero si das un paso en falso. El mundo financiero es tan amplio que la mayoría de la gente del mundo financiero trabaja en una pequeña parte el proyecto. El antropólogo y periodista Joris Luyendijk expone en su obraen ‘Entre Tiburones: Una temporada en el infierno de las finanzas’: Son un archipiélago de islas que operan bajo una misma bandera”. De hecho, el autor llega a utilizar el término de “cabina vacía” para mostrar la gran condición de los bancos: mientras que son demasiado grandes para caer, también lo son para saber realmente lo que sucede en su interior. Por lo tanto, el mundo de las finanzas no es homogéneo y hay demasiados actores internos y externos que influyen en el funcionamiento del mercado.


La gran crisis de 2008 estuvo a punto de causar un fallo estructural del sistema económico global, lo que hubiese implicado no recibir suministros en los supermercados ni combustible. Básicamente, que nuestras necesidades básicas dejarían de estar cubiertas. Es por esta razón que hay que ir con pies de plomo en el mercado financiero. Famosos economistas como el televisivo Santiago Niño Becerra hacen un análisis de la situación. Niño, en su libro ‘El crash del 2010’, advierte de que las crisis económicas son un fenómeno cíclico, por lo que lo sucedido en 2008 con la concesión de créditos hipotecarios a gente que no se lo podía permitir podría volver a repetirse si no se solucionan los problemas que a día de hoy perduran. Algunos de estos problemas son los productos hipercomplejos creados por los analistas cuantitativos, la corrupción gubernamental y las agencias de calificación de riesgos, que están en la cuerda floja. Todo esto ha llevado a la cada vez más débil confianza en el sector financiero.


Dentro del mapa de las finanzas (concretamente, en la gestión de activos), entonces, nos encontramos con dos grandes bloques: la banca y los seguros. De ahí el título de Luyendijk: ‘Un tanque lleno de tiburones’. Y otra de las reflexiones que incluye el libro es que, si no existe la posibilidad de fracasar, el capitalismo sería como un catolicismo sin infierno, sin consecuencias. De hecho, antropólogos e historiadores como Yuval Noah Harari han vaticinado el fin del capitalismo desde hace tiempo, y es muy posible que el coronavirus suponga un catalizador de este anunciado fin del capitalismo. La bolsa es, si cabe, el sector más afectado pues, como califica Luyendijk zafiamente: “los mercados suben y bajan como las bragas de una puta”, y ahora, dada la situación que hemos visto estos meses, de cómo las bolsas de valores de diferentes países del mundo alcanzaban mínimos históricos, están más abajo que nunca.


Para que alguien salga ganando dentro del negocio de la bolsa, alguien debe perder. El juego de la bolsa es de suma cero, y lo mismo sucede con los mercados del petróleo y la cerveza. De hecho, para poder sacar beneficio, por ejemplo, dentro del negocio petrolero, que se considera una buena inversión para los próximos 10 años (o quizás hace unos meses lo parecía), los inversores han que realizar una serie de movimientos concretos teniendo en cuenta que las acciones en bolsa son como una ola: uno se tiene que subir y bajarse antes de que rompa.


La bolsa, como hemos podido ver, no es más que el máximo exponente del sistema capitalista. La oferta, la demanda… Una traducción de la experiencia de compraventa, pero llevada al límite. Con la simplificación de miles de factores que afectarían a un sencillo intercambio de bienes (con todo lo que conllevaría: desplazamiento, idioma, divisas, etc.), la bolsa pone a disposición de la población la herramienta básica de la economía de mercado. Y problemas que suponen el sufrimiento de cientos de empresas, miles de directivos y, por lo tanto, millones de trabajadores y de familias, también se traducen a simples contratiempos relacionados con la oferta o la demanda de un producto. La bolsa de una ciudad es a la concepción de sociedad capitalista lo que una catedral lo es para una sociedad católica.


Las grandes crisis, sin embargo, ponen de manifiesto la conexión entre la actividad financiera llevada a cabo en los mercados. La crisis de 2008, como hemos visto, puso en jaque al sistema en una quiebra donde la especulación no tan solo fue una cómplice, sino la perpetradora. Será en esta nueva crisis que afrontamos parte de la solución? O, como dice Noah Harari, nos acercamos a los límites y, por tanto, al fin de una era? La pandemia de la Covid-19 será una de las batallas decisivas, si no la gran batalla final.

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