• Laura Hernández Rojas

"Esta crisis cambiará nuestro sistema de confianza"

Actualizado: abr 18

Antonio Justícia, propietario de una empresa de reformas, espera que el ERTE y un crédito ICO le permitan mantener a flote su actividad cuando se levante el decreto de alarma



Toni Justicia sonrie confinado en su domicilio. Sus proyectos de rehabilitación siguen en agenda. (Antonio Justícia)


Antonio Salvador, estudiante de tercero de Periodismo


Con 51 años, propietario de la empresa de reformas y rehabilitaciones Justival SL y autónomo, Antonio Justicia se enfrenta a una de la crisis más sonada después de la Gran Recesión del 2008. Los expertos afirman que la recuperación tras la epidemia del SARS CoV-2 se asemejará a las crisis post-bélicas y, por el momento, las pymes ya se encuentran a la búsqueda de una trinchera donde refugiarse del aluvión.


Uno de los sectores más castigados de esta crisis sanitaria es, sin duda, el sector de la construcción. Con la declaración del estado de alarma por parte del Gobierno el 14 de Marzo, empresas de reformas y constructoras seguían teniendo permitido la actividad laboral bajo extrema necesidad y, dada la situación de Antonio Justicia Cifuentes, su labor no concluyó hasta el mismísimo 31 de Marzo. Aun así, Toni (nombre por el que lo conocen todos), empezó la preparación de su empresa contra los estragos económicos del coronavirus el mismo día 14. El primer sábado de confinamiento acogió a su primera trabajadora al expediente de regulación temporal de empleo y el 23 del mismo mes se extendió hacia el resto de la plantilla.


Un ERTE, como se conoce comúnmente, es un expediente de regulación de empleo que facilita a las empresas mantener a sus trabajadores (a diferencia de un ERE) a cambio de una serie de ventajas, ya que es la Seguridad Social la que corre a cargo del pago del 70% de la base reguladora del empleado. Estas ventajas suspenden o reducen la actividad laboral y permiten a la empresa salir a flote en situaciones de extrema necesidad. Y es esta la salida de la que el 16% de la población activa, unos 3’9 millones de empleados, ya se ha “beneficiado”. Y de la misma forma lo han acabado haciendo los empleados de Justival SL, la empresa de Toni.

La construcción, un sector permeable al coronavirus

Desde su estado inicial, la inminente crisis ha volcado un cubo de incertidumbre hacia el sector del ladrillo, hecho que se ha prolongado incluso hasta este último lunes 13 de Abril, el primer día en que se levantaba la prohibición hacia a las empresas no esenciales. Pero en contraste con este clima opaco, Toni expresa su sentimiento: “ese día me dio un increíble subidón de alegría”. Y es que como respuesta a la detención de la actividad de su empresa de reformas, nuestro protagonista no dejó de recibir llamadas manteniendo, aunque inevitablemente, postergando, sus proyectos de rehabilitación de fachadas, reforma de pisos y confirmación de pago de presupuestos. Un chute de optimismo por parte de una sociedad que, aunque asustada, “quiere salir de esta crisis con solidaridad”, asegura Toni.


Junto al ERTE y el clima de confianza, un préstamo del Instituto de Crédito Oficial (ICO), procurado por el Estado - créditos a las pymes con un 80% del aval-, permite a nuestro protagonista aferrarse a un tablón que le facilite flotar en el inminente tsunami económico que se aproxima. “Tenemos que asegurar que el dinero llegue a la base”, pide Toni. Y es que después la cruenta crisis financiera del 2008 los pequeños empresarios, las grandes empresas y los estados han aprendido la lección. O deberían haberlo hecho.

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