• Laura Hernández Rojas

Antón Costas: “La economía se desplomará y en 2021 repuntará hasta la mitad de la caída"


Antón Costas, catedrático de política económica de la Universitat de Barcelona. (Adrià Costa/Nació Digital)

“Esta es la primera crisis económica provocada por los gobiernos, aunque no de forma intencionada y arbitraria, porque lo hacen para proteger un bien público superior como la vida”
“El ejecutivo de Pedro Sánchez debe inyectar dinero para sostener algunas empresas estratégicas como están haciendo Francia y Alemania”
“Nada de lo que ocurra en alguna parte del planeta nos es ajeno y ahora somos más conscientes de ello”

Laia Gairí, Bruna Casas, Michelle Barrientos y Laura Hernández, estudiantes de tercero de Periodismo


Un pronóstico de futuro incierto, con un abanico de posibilidades que abre la puerta a un modelo económico más justo y equitativo, pero también, la posibilidad de un giro autoritario, una economía cerrada y una regresión de derechos. Lo afirma Antón Costas, economista y profesor de universidad y presidente del Cercle d’Economia. Nos cuenta la implementación de la renta mínima aprobada por el gobierno del PSOE. También la posibilidad de conseguir un mundo más justo y una economía más cercana a los trabajadores y a la ciudadanía. Con empresas comprometidas y con una lucha firme y directa contra la pobreza.

Vamos en dirección a una “nueva normalidad”. ¿Irá acompañada de una nueva economía?

En la economía no hay fatalismos inevitables. Depende de lo que hagan los gobiernos, las empresas, las grandes corporaciones y también nosotros como consumidores. Mi visión no es derrotista. Práctico un optimismo escéptico y moderado. Creo que en los próximos años la economía se va a adaptar al cambio climático y va a consumir menos energía procedente de los hidrocarburos. Será también más solidaria y equitativa que en los últimos 30 años.

¿Cuáles son los puntos flacos de su optimismo?

Esta es la primera crisis económica provocada por los gobiernos, aunque no de forma intencionada y arbitraria, porque lo hacen para proteger un bien público superior como la vida. Sobre cómo se comportará la economía en los próximos años, un economista competente y honesto debe responder que depende de cómo se comporte el virus. Lo que sabemos hasta ahora es que cada mes que se para la economía, el PIB pierde tres puntos y ya llevamos tres meses y nueve puntos menos.

En el debate sobre cuál será la forma de la salida de la crisis ¿se decanta por la “V”, por la “U” o una uve de recuperación lenta y prolongada?

A mi juicio, la recesión tendrá forma de raíz cuadrada. Es decir, se desplomará de manera intensa y, si no hay un rebrote a final de año o a principios del siguiente, en 2021 la economía repuntará hasta la mitad de la caída. A partir de ahí se formará una línea de continuidad que persistirá en los años siguientes.

¿Cómo propone gestionar la reconstrucción en España para salir de la crisis?


Los gobiernos ahora tienen que gastar, gastar y gastar para evitar la deflación. Primero para mantener los ingresos de las familias y la liquidez de las empresas; segundo para mantener la demanda de la economía; y tercero deben gastar en el sistema sanitario para estar preparados ante un segundo brote y preparar las escuelas para una apertura segura. También deberán inyectar dinero para sostener algunas empresas estratégicas como están haciendo Francia y Alemania, que están invirtiendo cientos de miles de decenas de millones y entrando como accionista.

Defiende por lo tanto que España valore la nacionalización de empresas. ¿Cuáles y con qué finalidad?


Nacionalizar es un término muy fuerte, porque nos remite a los tiempos de la posguerra. Aquí lo que está pasando, y personalmente lo critico, es que la Unión Europea ha autorizado a países como Alemania, Francia, Dinamarca, Holanda e Italia, a dar préstamos y avales a sus empresas. Entrando como accionistas, con dinero público, en algunas empresas que consideran estratégicas. En muchos casos porque están sometidas a una caída de ingresos espectacular. Es el caso de las compañías de aviación. Francia invertirá 7.000 millones de capital a Air France. Por su parte, Italia inyectará 4.000 millones a Alitalia, la misma cantidad que los Países Bajos a KLM. Y Alemania ya se ha convertido en la mayor accionista de Lufthansa. Es una medida fácil para los gobiernos con un determinado pulso económico, pero va a ser mucho más difícil para países como el nuestro, con menor capacidad financiera para inyectar capital a nuestras empresas estratégicas.

¿Esto no perjudica la libre competencia, pilar básico de la Unión Europea?

Sí. En la medida en que la Comisión de Competencia de la UE está autorizando a los gobiernos inyectar capital público en algunas empresas, introduce una política de alteración de la competencia y del mercado interior europeo. Con este gesto, beneficia a aquellos gobiernos que tienen más capacidad frente a aquellos otros que tienen menos. En un futuro, esto se traducirá en un grave problema.


Algunos economistas plantean abandonar el crecimiento ilimitado y apuestan por revisar el modelo. ¿Comparte esta idea?


Es mucho más complicado gestionar una caída de precios, que llamamos deflación, que gestionar una inflación. Los economistas sabemos cómo cortar una inflación, pero no cómo salir de una deflación. En ese caso estaríamos hablando de una economía anoréxica. Los consumidores tenemos que evitar el pánico y, en vez de ahorrar, como parece que estamos empezando a hacer, debemos seguir manteniendo el nivel de gasto. Nuestra economía se hunde cuando el consumo desciende.


¿Cree que el sistema neoliberal se verá cuestionado con la llegada de un nuevo paradigma económico?

A mi juicio, la pandemia ha destrozado la arrogancia, tanto de las élites económicas de las grandes corporaciones multinacionales como también las corrientes políticas llamadas neoliberales de las últimas tres décadas. El covid-19 nos ha arrojado de forma violenta e imprevista a unas experiencias colectivas a las que no estábamos acostumbrados.

¿A qué experiencias se refiere?

Por un lado, creo que somos más conscientes de la unidad del planeta. Hasta ahora habíamos visto epidemias víricas localizadas en determinadas regiones del planeta. Sucedió así con el SARS, el MERS, el Ébola y también con otras emergencias que venían de África como el SIDA, que fue una cierta pandemia global. Ya nos habíamos acostumbrado a ella, pero ahora no hay ningún país de la tierra que no haya ya experimentado este impacto. De alguna manera, la vieja frase de Ptolomeo de hace 2000 años “nada de lo humano nos es ajeno” cobra sentido. Nada de lo que ocurra en alguna parte del planeta nos es ajeno y ahora somos más conscientes de ello. La preocupación por el cambio climático ya nos había dado un primer aviso. Y hay una segunda experiencia vital de tipo colectivo que es el sentimiento de vulnerabilidad que tenemos como seres humanos, una vulnerabilidad donde esa arrogancia, que he mencionado anteriormente como cosmopolita, se ha derrumbado y ahora nos sentimos seres y comunidades indefensas. Buscamos seguridad, protección.

¿Qué nuevos actores puede que sean clave para la salida a esta crisis?


Estamos viendo como se vuelve a reivindicar el papel del Estado que, en las últimas décadas, los mercados globales habían dejado de lado. Esto va a hacer cambiar muchas cosas, aunque este cambio puede ir para bien, esperemos que sí, pero también para mal. Puede haber un retorno del nacionalismo autoritario y excluyente y un apoyo electoral a dirigentes totalitarios. Esta deriva vendría acompañada de un cierre proteccionista de nuestras economías. Vamos a ir viendo cual de esas dos posibles orientaciones se consolida, si la cooperación entre los estados-nación y la gobernanza global o por el contrario, la del cierre y la autarquía.


¿Tiene un pronóstico de las posibles variables?


No sabría hacer un pronóstico. Desde mi punto de vista, deberíamos aprovechar la situación, tal y como hicieron nuestros abuelos, que reaccionaron bien a la salida de la crisis de los años 30 y de la Segunda Guerra Mundial. Implantaron una economía más justa y una sociedad más decente, que supo incorporar todo lo que hoy día llamamos el Estado del Bienestar, que se integra por tres pedestales básicos: la sanidad pública, la educación y las pensiones públicas. Mi esperanza es que sepamos aprovechar la situación y sepamos avanzar, con programas contra la pobreza severa, como hace España con la implementación del ingreso mínimo vital, y también con un compromiso público con el empleo, de tal forma que toda persona que quiera tenga asegurado un trabajo digno.

¿El teletrabajo puede traer consecuencias positivas para el funcionamiento del mercado laboral?


Son tendencias que no tengo claro en qué dirección van a avanzar. Por un lado, vamos a ver una gran concentración prácticamente de todos los mercados, van a desaparecer muchas pequeñas y medianas empresas y va a haber una concentración en grandes empresas y corporaciones. Un ejemplo reciente es el de Nissan y Renault, que se están repartiendo los mercados. Nissan se queda con Asia, Estados Unidos y el Reino Unido, y desaparece de Europa, donde deja a Renault. Ahora hay que ver si la Comisión Europea de la Competencia y si la agencia de defensa de la competencia americana interviene. Porque esta es una tendencia que no está claro que vaya a ser buena para la economía.

¿Y una nueva reformulación del capitalismo?

Pongo un ejemplo. En agosto, las 181 mayores corporaciones americanas dieron a conocer el manifiesto de la Bussines Run Table, en el que reconocían su mala gestión, basada sólo en el beneficio de los accionistas, y su contribución al aumento de la desigualdad y el malestar social y político. Se han comprometido a gestionar sus empresas sin mirar únicamente el beneficio y sí la maximización del valor para todos los stakeholders. Este gesto es de alguna manera una manifestación de la reforma del capitalismo. Ahora tendremos que ver si esas declaraciones eran pura retórica o realmente se van a implementar.

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