Júlia Noguera, 25

DEPORTE

PERIODO

CIUDAD

Hípica

1998-2009

Vic

"Lo más bonito de la hípica es que sois dos"

Realmente, nunca le gustó competir. Levantarse a las 4 de la mañana, ir a la hípica, cargar con todo el material, subir a los caballos al remolque, para acabar compitiendo durante 10 minutos solamente. Para ella era una práctica muy elitista, se necesitaba mucho dinero para tener un caballo propio. Entrenaba con potrillos recién llegados a la hípica y cuando tenían nivel para competir, los vendían. Eso la acabó de destrozar. El vínculo que creaba con los caballos después de un año de entrenamiento era muy fuerte. “Esto es lo más bonito de la hípica, que sois dos”. Este fue el motivo por el cual dejó las competiciones. Al no tener caballo propio, no podía ir a las competiciones que a ella le apetecía, tenía que pedir permisos y, además, si el caballo se lesionaba era responsabilidad suya.

 

A los 17 años se fue a estudiar y vivir a Barcelona, por lo que le era muy difícil compaginar ambas cosas. Además, al no competir no recibía ningún tipo de ayuda económica que le permitiese seguir practicando. Después de casi 10 años, le encantaría seguir practicando la hípica, pero además del dinero como impedimento, no volvería a competir si no tuviese su propio caballo.

Júlia Noguera comenzó a practicar la hípica con 6 años. Empezó de cero, con otros niños también principiantes. Su padre la acompañaba a las clases de hípica, por lo que, además de un deporte, era una actividad sentimental que unía padre e hija durante unas horas. “Iba una vez por semana, los sábados, y me quedaba solo un rato. Pero más adelante, noté como esos ratos los iba alargando y alargando, y al final me quedaba a comer allí para aprovechar más el tiempo”. Poco a poco, Júlia fue desarrollando una pasión por montar a caballo y con los sábados no le bastaba. Mientras otros niños dejaban de venir o seguían viniendo solo los sábados, ella cada vez iba a la hípica más y más días.

En la hípica, todos los alumnos se especializaban. Algunos estaban en el equipo de raid, otros en el de carreras, otros en el equipo de salto, y otros simplemente no se especializaban en nada concreto. “Empecé probando el horseball durante una temporada, pero los deportes en equipo no son lo mío. Voy mejor a mi bola”. Después de ver que el horseball no era el camino que ella quería seguir, se pasó al equipo de salto. “No es que lo escogiese, si no que el entrenador iba observando qué especialidades se nos daban mejor, y se centró en enseñarme salto”. Iba a clase dos veces por semana, una a clase de doma y la otra a clase de salto, y el resto de la semana aprovechaba para entrenar libremente.

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